La enfermedad celíaca o el origen de la búsqueda del verdadero ser

Según la medicina tradicional china, nuestro espíritu habita en elintestino delgado, Y gran parte de lo que somos, o lo que podríamos llegar a ser y materializar, depende de lo que podamos absorber a través de ella. Si el corazón se conoce como “el emperador”, el intestino delgado representa “el ser”. partiendo de que las enfermedades en general son siempre multicausales, Creo que sería importante aceptarlas como parte de un proceso de autoconocimiento físico, emocional, mental, espiritual y transgeneracional. Sería bueno, pues, vivirlas como una oportunidad para hacer un trabajo de crecimiento personal. En concreto, la enfermedad celíaca, Vista desde una perspectiva holística, quizá debería servir para buscar la esencia del verdadero ser y no sólo para conformarse a minimizar los síntomas físicos.

La enfermedad celíaca es un trastorno genético autoinmune y afecta aproximadamente a 1 de cada 133 personas. Son las proteínas ricas en prolina y en glutamina del gluten las que el sistema inmune identifica como antígenos, vaya, como enemigos. Estas proteínas se encuentran en el trigo, centeno y cebada, Y ocasionalmente, a la avena, y su concentración ha aumentado a lo largo de la historia por el interés en obtener variedades más ricas en gluten, ya que es el que proporciona flexibilidad a la masa. El trigo de los romanos contenía muy poco gluten en comparación con la actual y muchas culturas prosperaron alimentándose de mijo, arroz o maíz, todos sin gluten. Una buena parte de los humanos se ha adaptado para poder tolerar el gluten, pero me pregunto si el problema con el gluten también ha aumentado el consumo excesivo actual en forma de pan, pasta, pastelería, galletas, pizza …

Si nos comparamos con una planta, entenderíamos que los intestinos son como las raíces, que se encargan de absorber los nutrientes de la tierra para garantizar la vida. El 90% de los nutrientes se absorben en el intestino delgado y, por ello, hay que mantenerlo entero, limpio y flexible, y por eso dietéticamente, seamos celíacos o no, es aconsejable evitar o reducir alimentos como margarinas, embutidos, carnes rojas, harinas, azúcares refinados o lácteos. El intestino delgado tiene músculos que, cuando se mueven, hacen que los nutrientes de los alimentos avancen, pero por dentro no es liso: tiene muchos “pelos” llamados vellosidades intestinales, Irrigadas por vasos sanguíneos y con una estructura realmente compleja a pesar de la medida tan pequeña que tienen.

síntomas

La función de las vellosidades intestinales es primordial, ya que aumentan la superficie de absorción de los nutrientes y ayudan a conducirlos al torrente sanguíneo para que lleguen a los órganos y en cubran las necesidades. Por eso, cuando están lesionadas, la absorción no se produce de manera óptima y aparecen déficits nutricionales importantes como el del hierro, que puede llegar a originar incluso una anemia ferropénica crónica. Otros déficits vitales pueden ser el de las vitaminas D y K, el ácido fólico, la B12 o el calcio. Los síntomas pueden ser digestivos como diarrea, distensión abdominal, pérdida de peso o retraso de crecimiento, pero muchas personas pueden tener migrañas, infertilidad, síndrome de fatiga, dolor de articulaciones, osteoporosis prematura o depresión. Junto con la celiaquía es posible, además, que aparezcan otras intolerancias como la de la lactosa.

Diagnóstico en medicina convencional

La primera prueba médica para diagnosticar la enfermedad celíaca es una analítica que suele incluir los anticuerpos siguientes:

  • Antitransglutaminasa tisular (TTG)
  • Anticuerpos antiendomisio (EMA)
  • Antipèptids de gliadina deaminada (DGP)

Si la analítica es positiva, se hace una biopsia intestinal, clave para determinar si hay lesión en las vellosidades y, sobre todo, en qué grado (no debe confundirse con el grado de celiaquía, que no existe). La biopsia intestinal es una de las pruebas más relevantes; de hecho, cuando hay dudas, suele tener la última palabra. El grado de lesión viene determinado por la clasificación de Marsh, creada por el patólogo británico del mismo nombre y de este estado se derivan una gran cantidad de consecuencias importantes para la salud.

El diagnóstico para la sensibilidad al gluten no celíaca

En los últimos quince años ha aparecido un trastorno relacionado con el consumo de gluten que, sin embargo, no se denomina celiaquía, Porque no cumple los parámetros; me refiero a la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC), que pide también una dieta sin gluten y los síntomas pueden ir desde dolores de cabeza, musculares u óseos, hasta problemas digestivos. A diferencia de la celiaquía, no sigue un itinerario predecible; es decir, los síntomas pueden llegar a ser muy pronunciados o desaparecer por completo. Además, suele estar relacionada con intolerancia a otros alimentos ya menudo con la fibromialgia. Cuando un paciente llega a la consulta con síntomas tan variados, normalmente se hacen las pruebas para descartar la enfermedad celíaca, ya que, al final, el diagnóstico de la SGNC es por exclusión y muestra ausencia de anticuerpos y una biopsia sin lesiones o levemente afectada con un grado de lesión Marsh 1. Respecto a las alergias alimentarias, como la del trigo, generalmente se determinan a través de RAST o de pruebas de punción en la piel. La enfermedad celíaca, la sensibilidad al gluten no celíaca y la alergia al trigo son diferentes tipos de hipersensibilidades alimentarias específicas que se tratan convencionalmente simplemente eliminando el gluten o el trigo en cada caso.

Moda o amenaza real para el intestino?

El intestino delgado separa el puro de lo impuro en el proceso digestivo, y emocionalmente nos ayuda “a saber discernir entre lo que alimenta nuestro ser y lo que no nos corresponde”. Su función, además, está relacionada con la calidad de la sangre, la claridad en objetivos y con la acción. A veces me resulta desconcertante como se demonizan ciertos alimentos muchas veces consecuencia de modas pasajeras; como ocurre con el trigo, que alimentó durante siglos la humanidad y que hace tiempo que se ha convertido en el malo de la película. Me pregunto por qué algo o alguien siempre tiene que tener la culpa de nuestros problemas de salud y no pensamos, en cambio, que tal vez tenemos unos hábitos y un estilo de vida poco equilibrados. Es evidente que, independientemente de todas estas reflexiones que van más allá de la parte fisiológica o genética, en la enfermedad celíaca no se juega con el gluten. Pero lo que sí sería importante es aprender a alimentarnos con productos sin gluten de calidad, no transgénicos, enteros, naturales, sin aditivos químicos y combinarlos con bastante verduras, legumbres, frutos secos y semillas de calidad.

El gusto que tonifica y regula las funciones del intestino delgado y el corazón es el amargo, y lo encontramos en semillas de sésamo, nueces, verduras como la achicoria, endibia, manzanilla amarga, hojas de canónigos, berros, todo tipo de raíces con hojas (nabos, remolacha, zanahorias), cebollas, guisantes, azukis, garbanzos o lentejas, así como la quinoa, el mijo, el trigo sarraceno, el arroz integral, el miso, las algas marinas (especialmente el alga nori y el alga dulse) y los fermentos y pickles de todo tipo. Todos estos alimentos cocinados de manera adecuada y bien masticados favorecerán una buena absorción de nutrientes y ayudarán a mantener y recuperar el intestino delgado en caso de celiaquía o intolerancia al gluten o si simplemente se quiere tener un intestino saludable. Como ejercicio para tonificar el intestino delgado, recomiendo fortalecer el bajo vientre, o hara, Haciendo ejercicios hipopresivos.

Mucha salud!

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